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En el espacio público siguen circulando mitos sobre la “rusianidad” del este de Ucrania, como el de “Donbás, siempre alimentó toda la nación ucraniana, y ahora se ha levantado de las rodillas”. Y el mito principal es que estas tierras siempre han formado parte de Rusia. De hecho, no son más que narrativas propagandísticas rusas que carecen de una base histórica real. En este material, contaremos cómo el país agresor intentó rusificar el este de Ucrania y cómo sigue haciéndolo ahora.

Todas las narrativas creadas por Rusia sobre el este de Ucrania tienen el mismo objetivo: dividir a los ucranianos y justificar la guerra que comenzó en 2014 y su fase a gran escala en 2022. Ayudan a los propagandistas rusos a arraigar profundamente y fomentar la idea de “un solo pueblo”. Tales mitos no aparecieron de la nada. Rusia lleva siglos implementando políticas expansionistas hacia esta región, borrando la identidad y/o destruyendo físicamente a la población local. Las deportaciones, los genocidios, la pasaportización e incluso la inculcación del idioma han servido como herramientas para ello. Esto es solo parte del gran plan para rusificar el este de Ucrania, con el objetivo final no solo de conquistarlo mentalmente, sino también literalmente.

Imperialismo en las palabras

La propaganda rusa comienza a nivel de conceptos. Incluso simplemente llamando “Donbás”a los territorios del este de Ucrania, utilizamos por ignorancia un fruto de los mitos rusos.

Antes que nada, analicemos el nombre “Donbás”, que, lamentablemente, se ha arraigado profundamente no solo en el vocabulario cotidiano de los ucranianos, sino también en el lenguaje de los medios de comunicación. Con él, Rusia define el territorio de las regiones de Donetsk y Lugansk, para separarlas y contraponerlas al resto de Ucrania como ajenas. Esta técnica también funciona perfectamente para reforzar las historias manipuladoras sobre la “guerra civil en Donbás”.

En realidad, el nombre “Donbás” no es del todo apropiado si hablamos de la región histórica de Ucrania, ya que este topónimo designa la cuenca carbonífera de Donetsk, un lugar de distribución de minerales. Este concepto es puramente geológico. En su lugar, lo correcto es hablar de las regiones de Donetsk y Lugansk. En el mapa de Ukraїner, estas dos regiones forman parte de la región histórica y geográfica de Donéchchyna. El nombre de “Donéchchyna” proviene del río Siverskyi Donets, en cuya cuenca se encuentra la mayor parte de la región.

También existe un debate en la sociedad ucraniana acerca de la adecuación de los nombres “Ucrania oriental”/“el este de Ucrania” (y sus contrapartes “Ucrania occidental”/“el oeste de Ucrania”). Desde el punto de vista ortográfico, su uso para denotar parte de un estado o región es bastante normativo. Sin embargo, por ejemplo, el Centro sobre la Lucha contra la Desinformación del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania recomienda utilizar los términos “el este de Ucrania” y “el oeste de Ucrania” en lugar de “Ucrania oriental” y “Ucrania occidental”, que son “topónimos creados artificialmente por los propagandistas rusos para ampliar la percepción territorial de la guerra”.

Para algunos, las referencias a Ucrania “oriental” y “occidental” también evocan asociaciones con países divididos, por ejemplo, Corea del Norte y Corea del Sur, Alemania Occidental y Oriental. En tales formulaciones, el adjetivo parece separar el territorio, mientras que el sustantivo, por el contrario, subraya que forma parte de un todo. Incluso en el lenguaje que utilizamos, es crucial indicar que Ucrania es indivisible. Todos estos territorios forman un Estado unitario, que lleva luchando durante siglos por conseguir y defender su independencia. Al fin y al cabo, ni “Ucrania oriental” ni “Ucrania del este” tienen fronteras generalmente reconocidas, por lo que tales conceptos no son suficientemente funcionales: para una definición más clara de los territorios, es mejor utilizar los nombres administrativos de las regiones o sus nombres históricos y etnoculturales, como Slobozhánshchyna y Pryazovia.

El colonialismo ruso

El reasentamiento de sus ciudadanos es una práctica rusa muy popular en todos los territorios ocupados, no solo en los ucranianos. Las autoridades de la Federación Rusa intentan de cualquier manera borrar las fronteras (físicas y mentales) entre los pueblos esclavizados y sus propios ciudadanos para simular una historia sobre “un solo pueblo”.

Esta práctica se generalizó ya en el siglo XVI y principios del XVII. En aquella época, los cosacos tenían sus zymivnyky (refugios invernales. — Ed.) en la futura región de Slobozhánshchyna. Los rusos empezaron a “dominar” el territorio que formalmente pertenecía al estado moscovita. A finales de los siglos XVI–XVII fue creada la chertá de Bélgorod, una línea de fortificaciones para proteger la frontera sur de Moscovia. Se trata de una serie de ciudades fortificadas, puntos defensivos en las calzadas y fortificaciones en zonas campestres y forestales. Las fortalezas se construyeron, sobre todo, en lugares ya habitados por los cosacos, y los destacamentos fronterizos estaban compuestos por cosacos, campesinos ucranianos y soldados rusos, en particular de las regiones del norte.

Zymivnyky
Pequeños asentamientos donde los cosacos pasaban el invierno. Surgieron en la primera mitad del siglo XVI, inicialmente como lugares donde mantener el ganado en invierno.

La siguiente etapa del asentamiento de los rusos empezó tras la derrota de Iván Mazepa por Pedro I (en la batalla de Poltava), en el siglo XVIII, cuando las propiedades confiscadas de los oficiales de Mazepa pasaron en su mayoría a manos de los terratenientes rusos, que también llevaron allí a sus siervos. Los comerciantes rusos también se asentaron activamente allí, porque el Imperio ruso suplantaba gradualmente a los rivales ucranianos: al Hetmanato se le prohibió comerciar directamente con Europa occidental, se introdujo un monopolio ruso sobre la venta de la mayoría de los bienes y, al mismo tiempo, se prohibió la importación de los productos manufacturados.

Después de la liquidación de la Sich de Zaporiyia en 1775 y la completa abolición de la autonomía del Hetmanato en 1783, funcionarios, militares, terratenientes, comerciantes, artesanos y otros rusos se trasladaron a las tierras ucranianas. Entre los colonos también llegaron los rusos fugitivos, como siervos y desertores militares, que fueron acogidos por la administración, interesada en la pronta colonización de las tierras.

Cabe destacar que los ucranianos predominaban en la región sudoriental. Por ejemplo, en las provincias de Katerynoslav y Jersón (creadas en 1802), en 1851 vivía un 70 % de ucranianos (703 699 personas) y un 3 % de rusos (30 000 personas). A finales del siglo XIX, los centros de industria pesada empezaron a desarrollarse en la cuenca del Donetsk, en el distrito industrial de Dnipró y en Járkiv. Este tipo de producción significó que estos territorios se industrializaron más rápido, se volvieron más atractivos desde el punto de vista económico y social, por lo que aumentó la afluencia de los rusos a estas regiones. Por ejemplo, en 1897 constituían el 68 % de los trabajadores de la industria pesada de la entonces provincia de Katerynoslav, a pesar de que, en general, según el censo de ese mismo año, la proporción de ucranianos en la gubernia era del 69,7 % y la de los rusos, solo del 17,3 %.

Otra etapa del reasentamiento de los rusos está relacionada con la ocupación bolchevique de Ucrania después de 1921. La colonización de las tierras ucranianas, sobre todo en el este, fue posible gracias al exterminio de la población autóctona ucraniana mediante el genocidio y la represión. Así, después de la publicación de algunos documentos de archivo, se dio a conocer cómo las autoridades soviéticas animaban a los rusos a trasladarse a los pueblos que se habían extinguido tras el Holodomor. En la segunda mitad de 1933 y a lo largo de 1934, se destinaron 15 millones 500 mil rublos para el reasentamiento de 21 mil familias de agricultores colectivos rusos en Ucrania. Una vez allí, los reasentados recibían diversos beneficios, que funcionaban como incentivo para cambiar de lugar de residencia. Sin embargo, esta política no tuvo mucho éxito, su impacto en la situación demográfica del este de Ucrania no puede considerarse decisivo: el historiador Stanislav Kulchytskyi, basándose en una investigación del Instituto de Historia de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, señala que más de la mitad de los que se trasladaron de Rusia al territorio de Ucrania en esos años regresaron porque vieron que a los campesinos ucranianos se les oprimía mucho más que a los rusos del centro.

Desde entonces hasta la década de 1950, los rusos emigraron principalmente a las grandes ciudades y centros industriales ucranianos. Y lo hicieron más activamente que los ucranianos. La proporción de rusos entre la población urbana creció: del 25 % en 1926 al 29 % en 1959. En general, durante la era soviética, el número de rusos en Ucrania aumentó de casi 3 millones en 1926 a más de 11 millones en 1989. Sin embargo, no se puede confiar plenamente en estas cifras, ya que el imperio también utilizó activamente la pasaporización como herramienta de rusificación.

Pasaportización

En la época de la Unión Soviética, desde 1932 se extendió la política de pasaportización. Además del registro a los ciudadanos, tenía una función mucho menos inocente. Como resultado de la pasaportización, ciertos estratos de la población, como los campesinos, acabaron convirtiéndose prácticamente en siervos. No recibieron pasaportes y, por lo tanto, no tenían derecho a salir de su pueblo, ni cambiar de ocupación y, de hecho, no tenían ningún derecho como ciudadanos soviéticos.

Además, los pasaportes tuvieron un impacto significativo en los indicadores de la autoidentificación nacional de la población. Dado que en las ciudades se expedían principalmente a los rusos e indicaban “ruso” en la columna de nacionalidad, es evidente que, según los censos, había más representantes de esta nación en el territorio de Ucrania. A veces, los ucranianos eran registrados como rusos en contra de su voluntad o se creaban ciertas condiciones bajo las que resultaba beneficioso aceptarlo. Esto puede verse en el ejemplo de los apellidos: muchas familias tienen historias de cómo los apellidos ucranianos se rusificaron añadiéndoles los característicos sufijos rusos -ov- o -ev-. Así, los documentos “convertían” a los ucranianos en rusos. O la propia gente buscaba cambiar sus apellidos para tener una vida mejor: por ejemplo, en los años 30 del siglo pasado, durante la eliminación de la política de korenización, los ucranianos tenían muchas menos posibilidades de ocupar cargos públicos. En la literatura hay una descripción nítida de estos procesos: el protagonista de la obra de Mykola Kulish “Myna Mazaylo” quería cambiar su apellido ucraniano por el ruso “Mazenin” para ser ascendido en el trabajo y, en general, más respetado.

Korenización
Política del gobierno soviético en los años 20 y 30 del siglo XX. Estaba destinada a reforzar las posiciones del partido gobernante en las regiones mediante la participación demostrativa de la población local (indígena) en el poder.

Actualmente, Rusia tampoco abandona su política de pasaportización, consciente de que es una poderosa e importante herramienta de poder. Por ejemplo, tras la liberación de la región de Kyiv del ejército ruso, las fuerzas del orden ucranianas encontraron pasaportes de la época de la URSS. La Federación Rusa planeaba crear una administración de ocupación en estos territorios y mantener registros de la población local mediante los pasaportes. Y, por supuesto, en el futuro tener motivos para hablar del “territorio originariamente ruso”.

Desde 2014, la Federación Rusa expide pasaportes de las llamadas Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk en los territorios temporalmente ocupados de las regiones de Donetsk y Lugansk, que utiliza como medio de presión y manipulación. El propio estado terrorista no reconoce su validez legal, pero obliga a la gente a obtener la “ciudadanía”. La Federación Rusa utiliza literalmente este “documento” para destruir a los ucranianos, ya que, por ejemplo, los hombres con pasaportes de la República Popular de Lugansk son los primeros en ser objeto de movilización en los territorios temporalmente ocupados de la región de Lugansk.

La obligación de cambiar el apellido sigue siendo una herramienta eficaz del imperialismo en los territorios donde Rusia domina económicamente: por ejemplo, en Kirguistán, los jóvenes rusifican sus nombres y apellidos para conseguir un empleo en Rusia o simplemente para poder cruzar su frontera.

Deportaciones de ucranianos

se llevaron a cabo constantes deportaciones de los ucranianos. La práctica del reasentamiento forzoso se extendió especialmente durante el régimen soviético. Desde los años 20 hasta los años 60 del siglo XX, hubo unas 10 oleadas de deportaciones. Estas afectaron principalmente a los ucranianos y a los tártaros de Crimea, pero también a otros pueblos: alemanes, checos, polacos y armenios.

Los territorios del este de Ucrania fueron los que más sufrieron en los años 20–30 del siglo XX. Entonces se produjeron las llamadas “deportaciones de Kurkul”. Los campesinos más ricos fueron enviados a las profundidades de Rusia y sus propiedades fueron confiscadas. Solo en 1930–1931, 63 817 familias campesinas de la RSS de Ucrania fueron deportadas a los Urales, Siberia oriental y occidental, el Lejano Oriente y Yakutia, muchas de las cuales no eran nada ricas y solo tenían, por ejemplo, una vaca.

Kurkul
Nombre despectivo para un campesino rico u opositor de la política soviética de colectivización.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los ucranianos del este fueron enviados a Alemania para realizar trabajos forzados. Se les llamaba “ostarbeiters” (del alemán: die Оstarbeiteren – “trabajadores del este”). Fue la estación de Járkiv de donde partió el primer pelotón de “Ostarbeiters” en enero de 1942.

El principal objetivo de todas las deportaciones es la asimilación de las naciones y la destrucción total de su identidad. Así, los países agresores llevan mucho tiempo destruyendo a sangre fría a quienes, en su opinión, no deberían existir. Como muestra la actualidad, Rusia sigue aplicando activamente esta práctica con las narrativas propagandísticas creadas hace un siglo.

Desucranización de la cultura y la vida cotidiana

Además de todo, Rusia siempre ha intentado prohibir la lengua ucraniana. La famosa circular de Valuev (1863) y el Ukaz de Ems (1876) son solo una pequeña parte de esta censura. Básicamente, se prohibió la impresión de libros en ucraniano, los servicios religiosos y se confiscaron las cartillas de ucraniano de las escuelas. Estos procesos comenzaron a finales del siglo XVII, con mayor o menor intensidad y éxito, pero abarcaron casi todo el territorio de la moderna margen izquierda de Ucrania. Tanto la Mancomunidad Polaco-Lituana, como Rumanía y Austria-Hungría utilizaron las herramientas de la asimilación, por lo que a los ucranianos les resultó difícil vivir en cualquier lugar bajo las condiciones de apatridia. Sin embargo, el reino moscovita destacó por su brutal e intensa política lingüística, que dejó una huella irreparable en los territorios del este de la Ucrania moderna.

Durante la época soviética, también surgió una nueva práctica. Rusia no se limitó a prohibir la lengua, sino que hizo todo lo posible por prestigiar el ruso y que la gente lo eligiera voluntariamente. Se enseñaba en las universidades y pasó a considerarse el idioma de la ciudad y de la intelectualidad. A los rusohablantes les resultaba más fácil ascender en la escala profesional. Por eso, la gente a menudo abandonaba el ucraniano por su cuenta o hacía todo lo posible para que sus hijos lo hicieran. Las consecuencias de ello aún se siguen sintiendo hoy en día, ya que la política rusa de asimilación lingüística tuvo tanto éxito que los ucranianos modernos pueden considerar el ruso su lengua materna, aunque lo más probable es que fue una elección forzada de sus antepasados, cuya alternativa era la destrucción física.

Todas estas prácticas se convirtieron en la base propagandística de primero una guerra híbrida, y luego de una guerra tecnológica. Hicieron posible hablar del este de Ucrania como parte de Rusia, de la supuesta “opresión” de los rusohablantes, cuando en realidad la “rusianidad” de la región está ligada a los siglos de la rusificación planificada. Y, lo que es más importante, la Rusia moderna sigue aplicando esta política en los territorios que controla temporalmente. A la mínima oportunidad, los ocupantes quitan los carteles en ucraniano, dañan y desmantelan los monumentos históricos, retiran los libros en ucraniano de las bibliotecas y destruyen los libros de texto escolares.

Es importante que recordemos que solo hay un enemigo: Rusia, y ninguna región de Ucrania le recibirá con los brazos abiertos. La Federación Rusa lleva siglos aplicando una política de agresión, cometiendo crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Nuestro objetivo es entender cómo sucede esto e impedir que los rusos vuelvan a hacerlo.

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Este material fue creado con el apoyo de International Media Support (IMS).

El material ha sido preparado por

Fundador de Ukraїner:

Bogdán Logvynenko

Autora:

Sofía Panasiuk

Jefa de redacción en ucraniano:

Anna Yabluchna

Editorial:

Anastasía Gulkó

Editor de fotos:

Yurii Stefanyak

Autor de la portada:

Anton Skyba

Administradora de contenido:

Yana Rusyna

Traducción:

Yana Vlasenko

Editora jefa de Ukraїner en Español:

Svitlana Kazakova

Coordinadora de Ukraїner en Español:

Tetiana Kolisnyk

Coordinadora de Ukraїner International:

Yuliia Kozyriatska

Editora jefa de Ukraїner International:

Anastasiia Marushevska

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