Druzhkivka: el último trozo de halva

Druzhkivka: el último trozo de halva

19 de marzo 2026

Un policía que patrulla el cielo cerca de una casa bombardeada, rescatistas que ya no viven aquí, sino que llegan en vehículos blindados para hacer guardia, todos dicen lo mismo que el combatiente de Azov, nombre de guerra Ajmet: «A Druzhkivka le espera algo parecido a lo de Kostiantynivka». En efecto, el deterioro de la situación en Druzhkivka es visible. Algunos de los rescatistas o policías primero sirvieron en Volnovaja o Mariúpol, luego en Pokrovsk o Bajmut, después en Chasiv Yar y Kostiantynivka, y ahora aquí.

Ciudades del frente
Texto de Myroslav Laiuk y fotografías de Viacheslav Ratynskyi

Un mes

El 20 de diciembre de 2025, huyendo a gran velocidad de un dron kamikaze en Kostiantynivka, entramos en Druzhkivka. Aquí había una hamburguesería donde se sentaban militares y civiles, creando una engañosa sensación de retaguardia.

2(small)_Ratynskyi

Un mes después, ya en 2026, llegamos al centro aproximadamente una hora y media después de un ataque con misiles: un fallecido y dos heridos. Una mujer mayor que pasaba por allí describe con detalle cómo quedaron los cuerpos destrozados. Los electricistas están arreglando los cables. Ha resultado dañado el monumento a los caídos en la guerra ruso-ucraniana, así como el que señala que la ciudad fue fundada por el cosaco Druzhko.

Nuestra hamburguesería también ha sufrido daños: la oscuridad se cuela por las ventanas rotas. Aun así, nos asomamos con más atención al interior. Resulta que, a pesar de los daños, no han dejado de preparar los pedidos y ya han hecho parte de la limpieza. Poco después, recobrando la calma tras el impacto, los taxistas llegan a la plaza. Como nadie está listo para entrar en el local, la hamburguesería continúa recibiendo pedidos para repartirlos por la ciudad.

3(small)_Ratynskyi

Los taxistas se interesan por nuestro detector de drones, que comienza a pitar y cuya pantalla se enciende si hay drones cerca. Y entonces suena ese pitido:

—¡Maldita sea, justo sobre mi casa, cabrón! —grita uno de los taxistas.

4_Ratynskyi

El toque de queda en Druzhkivka es desde las tres de la tarde hasta las once de la mañana. Hace un mes, había colas por todas partes: en el taller de reparación de móviles, en la farmacia, en la panadería. Recuerdo que entonces un hombre mayor llegó en moto desde las afueras. Decía que había comprado su «Delta» en 2008 y que ya había recorrido dieciséis mil kilómetros. Pero interrumpió la conversación y corrió hacia la puerta del técnico de teléfonos porque una mujer recién llegada intentó colarse delante de él.

Ahora, un mes después, apenas se ven civiles.

Por la plaza central caminan dos militares, seguidos por un cachorro. Les preguntamos cómo se llama. Nos cuentan que consultaron a ChatGPT para ponerle nombre al perro. Este les pidió que adjuntaran una foto. Ellos la enviaron. ChatGPT respondió:

5_Ratynskyi

«¡Oh, vaya perrito más mono!! Llámenlo o Pirata, o Barnik»

Música

Maryna, dejando a un lado las escobas, se va a hacer cola en la farmacia.

—Todo esto es mi territorio —dice señalando—. Todo esto lo limpié yo esta mañana: los cigarrillos, los paquetes, las palomas que se están muriendo…

Tiene 56 años, vive con su madre de 86 y su marido, que tiene una discapacidad. Hace poco, mientras Maryna estaba aquí trabajando, un dron ruso «Gerbera» cayó cerca de ella. Por suerte, la mochila detuvo el fragmento de metralla: solo sufrió una conmoción y lesiones de tejidos blandos.

—Salió por el lado de esta casa —señala el edificio frente a ella—. No me dio tiempo de hacer nada. Solo me giré… y no entendí nada.

Antes, Maryna trabajaba como enfermera auxiliar en un internado que atendía a niños con dificultades en el desarrollo, y antes de eso, como operaria de grúa. Trabajó en la mayor empresa europea de construcción de maquinaria pesada a medida: la fábrica de maquinaria de Novokramatorsk.

—¡Son grúas de cincuenta metros! Y las palomas siempre se calentaban allí. Nos acompañaban en la grúa. Les digo una cosa sobre las palomas: son tontas, comen cualquier cosa… y después se mueren. Es que no me gusta cuando buscan su propia muerte.

Antes, Maryna iba al trabajo en autobús y tranvía.

—Toda la vida hemos tenido tranvías, los recuerdo desde la infancia. Bueno, tranvías ya no habrá… Me da pena la ciudad. Acabo de llorar.

La mujer se seca los ojos oscuros. Mira a su alrededor: aquí, en el centro, a pesar de las ruinas, de las ventanas tapiadas y de los quioscos atrincherados con sacos, la ciudad luce cuidada.

6(small)_Ratynskyi

Además, a Maryna le encanta la música:

—Me gusta el deep house. Lo único que no entiendo es el jazz. El blues, más o menos, pero el jazz… no lo entiendo. Me encanta el canto coral —durante muchos años lo practiqué, yo misma cantaba —ríe—. Me gusta “Sektor Gaza” (N. del T.: banda de punk rock rusa de Vorónezh, popular en los años 90, conocida por su humor irreverente y letras provocativas). Era joven, y esa era nuestra música. La historia es la que es. Me encantaba Ronnie Dio. Soy melómana, escucho de todo. Hasta me gusta el country. Amo las canciones ucranianas. Vengo de una familia muy cantarina. Creo que no hay canciones más bellas que las folclóricas ucranianas. Pero solo las folclóricas, repito.
—¿Cuál es su canción favorita?
—«Oy tam na hori» (N. del T.: «Oh, allí en la montaña».)

Sin embargo, desde que resultó herida, dice que ya no escucha música con auriculares tan a menudo. Antes la ponía cuando iba al trabajo pero ahora tiene miedo de no oír el dron que se acerca.

—Nací aquí, y aquí me moriré —bromea mientras se dirige a la farmacia, porque allí ya se está reuniendo la gente.

Kostián y Yosef

En el parque, más adelante de la calle, se ve humo: en el cráter de un impacto, dos trabajadores municipales, un hombre y una mujer, están quemando las ramas rotas. La arcilla que salió despedida por el golpe se ha pegado a los árboles de alrededor.

El hombre se llama Víktor, tiene 66 años, y trabaja aquí porque, dice, «solo tengo 3300 grivnas de pensión». La mujer no da su nombre, pero explica por qué aún no ha salido de la ciudad, y lo hace de manera muy parecida a como lo dicen otros por aquí: «No le importamos a nadie».

7(small)_Ratynskyi

Cerca de allí hay un cine con grafitis: «¡El cine vivirá!» y «¿Dónde está el cine?». Más adelante por la calle hay un edificio de estilo clásico, pero con las columnas caídas y medio destrozadas. Cerca de Druzhkivka hay un notable monumento geológico natural: árboles fósiles de 250 millones de años. Y estas columnas recuerdan a esos árboles, tanto por la forma como por la sensación: podrían permanecer aquí durante mucho tiempo, y lo que está por venir se ve tan nebuloso, como si el tiempo ya no existiera.

8_Ratynskyi

9(small)_Ratynskyi

10(small)_Ratynskyi

En la ventana de este edificio clásico se ven estantes con libros. Rodeamos el edificio porque la entrada está bloqueada y llegamos a la biblioteca. Por todas partes hay carnets de lector esparcidos y libros en grandes montones en el suelo, aunque hay aún más en los estantes. Armarios con fichas y macetas resecas. En una de las habitaciones, en la pared, se ven los retratos de Bulgákov, Tolstói, Hemingway y Kafka.

A través de una ventana rota veo cómo, en el patio, dos hombres recogen astillas en un carrito. Kostián y Yosef: así se llaman ellos mismos.

—¿Qué tal la vida por aquí?
—Más o menos —dice Yosef.
—La gente se va —no está del todo de acuerdo Kostián.
«¡Krasia!» —le grita Yosef a una perra grande que quiere mordernos. Pregunto por qué se llama Krasia. —Porque es una belleza — (N. del T.: Krasia deriva de la palabra ucraniana «krasa» — belleza.).

El hombre se sienta en el bordillo y acaricia su blanca y tupida barba.

—Es usted como Hemingway. ¿Ha leído a Hemingway?
—«El viejo y el mar». Es muy conmovedor.

A Yosef le gustan los libros y las mujeres. Dice que conoce bien a muchos «viejos franceses»: Maupassant, Zola, Balzac.

11_Ratynskyi

—¿Le gustan las mujeres como las de Balzac?

Pero no responde a esta pregunta.

—¿Tiene usted esposa? ¿Hijos?
—Tengo dos esposas.
—¿Cómo es eso?
—No oficiales.
—¿Vivían juntos?
—Yo, la mujer y el hijo.
—Pero dice que tiene dos esposas.
—Periódicamente.
—¿Y hubo un momento en que vivió con las dos a la vez?
—¿Me estás tomando el pelo?
—No sé.
—Tuve sexo con dos a la vez.
—¿Con las mismas?
—No.

Krasia vuelve a intentar mordernos. Yosef y Kostián la ahuyentan y se van, arrastrando el carrito con las astillas.

Cristal

Justo al lado hay varios edificios bombardeados el día anterior. Olga, de 75 años, muestra su apartamento en el primer piso. Cuando se produjo el impacto, ella estaba en el sofá. La onda expansiva levantó la manta por los aires, que cayó sobre ella y la salvó de los fragmentos de cristal. Olga se acerca a la ventana con una maceta helada: el cristal se sostiene en la cortina. Si se tira de ella, todo le caerá encima.

12_Ratynskyi

Todos los vecinos de Olga están limpiando. El cristal tintinea por todas partes. Larysa, de 90 años, del tercer piso, también se queja de que se le reventó la ventana y tiene que limpiar sola. Tiene nietos, pero viven en Moscú.

—¿Le llaman?
—No, ellos no llaman, y yo no llamo.
—¿Cuánto tiempo llevan sin hablar?
—Estaban en WhatsApp, luego me pasaron a Telegram. Pero en Telegram no entendí cómo hacerlo.

13(small)_Ratynskyi

Nos dicen que vayamos al edificio cuarenta, al sexto portal. Allí vive un hombre que no oye ni ve y que resultó muy afectado. Caminamos unos diez metros y subimos varios pisos.

—¿Qué le pasó? —le preguntamos a Vitaliy, de 60 años, que aparta una puerta desmontada para que podamos entrar.
—¿En qué sentido?
—Bueno, qué pasó aquí. ¿Recibieron un impacto?
—¡Dios mío! —se asoma por el hueco de la puerta—. ¡No entiendo lo que me dicen. Soy sordo!

Mira más allá de nosotros. Lo repetimos.
—Bueno, pasen —dice—, miren.

Vitaliy repregunta cada frase varias veces. En el suelo, hay una caja con llaves inglesas. Una de las habitaciones ya está ordenada. En todas las demás, escombros.

— Veo mal y también oigo regular. Pero cuando tronó —se ríe—, me quedé todavía más sordo, supongo.

14(small)_Ratynskyi

Vive solo. Hace poco, un conocido lo ayudaba por aquí, pero ya se fue a casa. Vitaliy pasará la noche en otro lugar, porque aquí es imposible. Dice que la única ayuda que necesita es que alguien le ayude a limpiar. Decidió limpiar una habitación cada día:

—Nos arreglamos por nuestra cuenta —sonríe Vitaliy.

Mientras recorremos las habitaciones, desenrosca el calentador que cayó en la bañera. Desde el pasillo dice:

—Voy a cerrar, hay corriente.

Toma la puerta arrancada de sus bisagras y tapa el hueco.

En una de las habitaciones, los papeles pintados con cisnes han sobrevivido. Y aquí está el balcón destrozado, desde el que se ve a la gente abajo serrando tablas para tapar las ventanas.

Viento. Gritos de vecinos. Zumbido de herramientas.

—¿Sania, eres tú? —dice Vitaliy al oír nuestro roce. Evidentemente pensaba que ya nos habíamos ido.
—No, somos nosotros.
—¿Sania?
Gritamos más fuerte.
—¡Ah! —se ríe.

Coches rojos

Además de los impactos en los edificios, hace cuatro días atacaron a los rescatistas. Stas Ruban, del Servicio Estatal de Emergencias, nos lleva al garaje y muestra el coche que recibió el impacto. Sobre la superficie roja se ven claramente líneas negras.

15(small)_Ratynskyi

16(small)_Ratynskyi

El camión de bomberos está revestido de malla metálica. Al lado, un vehículo con la inscripción «Kostiantynivka»: lograron sacarlo de la ciudad destruida. Los cuatro compañeros de Stas que resultaron heridos habían acudido a un aviso a las afueras de Druzhkivka. Un dron FPV impactó en el techo.

—Los chicos se salvaron de milagro—opina Stas.

Su colega Volodymyr Abramov nombra a cada uno. Dos tienen conmoción cerebral —Oleksandr y Vitaliy—, y otros dos tienen heridas mucho más graves: ahora Serhii y otro Oleksandr están hospitalizados en Dnipro.

17_Ratynskyi

—Da miedo por los chicos y da rabia. Y no entiendo… ¿para qué? ¿Atacar un camión de bomberos?

Sin embargo, Volodymyr ya ha vivido más de una tragedia. Su primo Vitaliy sirvió en la 81.ª Brigada local, se alistó como voluntario. Tras la retirada de Lysychansk, les dieron unos días libres.

—Dijo: «Ven, que estemos un rato, porque con lo que está pasando, igual no nos volvemos a ver». Le digo: «Que sí, que nos veremos». Pero teníamos el turno irregular. Entonces él insistió: «Tenemos reunión, es urgente que vengas». Fui, estuve con él y su mujer. Una hora más o menos. Y lo llevé a la unidad. Soy el último de nuestra familia que lo vio.

18_Ratynskyi

19(small)_Ratynskyi

20(small)_Ratynskyi

El rescatista Kostiantyn Bykov cree que «Druzhkivka es la ciudad más hermosa del Donbás». Sobre todo porque es «amigable». Hasta el año pasado, él y sus amigos de guardia, cinco o seis chicos, iban a menudo a pescar aquí cerca —perca, lucio, lucioperca—. La última vez que fueron al río aquel año fue en Pascua. Y por casa, aquí en las afueras, hacía ya tiempo que no pasaba.

—Mis padres se fueron. Mi madre llora. Le digo: «Mamá, ¿por qué lloras? Hay que despedirse mentalmente de la casa». ¿Ven cómo se nos vienen encima?

Hace poco, cerca de su casa, que está junto a la fábrica donde hacían halva, cayeron varias bombas planeadoras.

Halva

En Druzhkivka había un sitio con buen kebab y una pequeña tienda. Me pregunto si estará abierta.

¡Sí! Katia, de 46 años, y su hijo Illia, de 22, siguen trabajando aquí. En una caja de halva queda un bloque de un kilo.

—Ya ve, allí cayó más de un proyectil —dice la mujer sobre la fábrica de dulces—. Pero aun así no paraban y seguían trabajando. Y nos traían productos.
Hasta hace poco.

21_Ratynskyi

—¿Y a usted le gusta la halva? —pregunto.
—Por supuesto. La halva de Druzhkivka está por todo el mundo. Hasta en Australia hay halva de Druzhkivka; tengo una amiga que vive allí. Yo viví en Israel y allí también se vende halva de Druzhkivka.

Katia se marchó de Donetsk en 2014. Tenía un puesto comercial en Kostiantynivka, pero fue bombardeado.

—Y nuestro kiosquito quedó partido justo por la mitad —recuerda Illia.

Un trabajador murió. Katia estuvo en el funeral.

—Lloré… Y esa fue la primera vez que llegué a casa y dije que recogía mis cosas y me iba de aquí.
—¿Y ahora? —pregunto.
—Yo insisto en irnos —dice Illia.

Un mes después pasaríamos rápido por delante de la tienda. La puerta estaba cerrada. Y aquel kilo de halva quizás fue el último.

Segunda entrada

Pero ese mismo día, a finales de enero de 2026, primero entramos en Druzhkivka en un vehículo blindado Roshel Senator, reforzado con malla metálica. Se realiza una rotación: algunos combatientes del Azov saltan del vehículo y descargan provisiones, mientras otros suben para salir de la posición.

22_Ratynskyi

En la casa donde viven los combatientes de Azov hay un contador amarillo, un icono de Jesús, un azulejo de cocina con un cervatillo y un montón de gatos. Afuera, por todas partes, hay fibra óptica. Los combatientes salen de patrulla. Vigilan el cielo: cuando algo vuela, disparan.

En el grupo de patrulla está Tarás, nombre de guerra Mykyta. No se nota de inmediato que tiene cicatrices en la cara. Taras llegó aquí por primera vez en diciembre de 2025. Antes estuvo en Kostiantynivka, donde evacuaba soldados. Cerca de la estación, un dron FPV los alcanzó. Dos combatientes tuvieron que ser amputados, uno murió, los demás sufireron heridas en los ojos y oídos. Tarás y su compañero los sacaron a todos y les prestaron ayuda.

—No me daba cuenta de que lo tenía todo empapado en sangre. No sentía ningún dolor. Solo no veo de un ojo. Y oigo un poco mal —hay que hablarme más fuerte.

Cuando llegó la evacuación a buscarlo, Tarás se negó: «Vamos a pie, llegaremos a las afueras de Konstakha (N. de T.: Kostiantynivka), llamaremos y nos recogerán». Pero lo llamaron y lo obligaron a subir al siguiente vehículo de evacuación. Allí se negaba a ir al puesto médico avanzado, pero cuando se miró en el espejo de los médicos, se quedó atónito. Le extrajeron muchos fragmentos, incluso de los ojos, pero algunos quedaron. Dice que en aquel momento Druzhkivka se consideraba retaguardia profunda.

23(small)_Ratynskyi

Pasamos por delante de una casa donde, a través de la ventana, se ve hielo incrustado en el calentador y la bañera, y un charco en el suelo. Los combatientes dicen que intentaron cortar el agua, pero no pudieron: ahora está por todas partes. Cerca de la casa, en la nieve, hay un globo terráqueo destrozado.

Cruzamos una presa donde, por las particularidades de la corriente, el hielo forma discos redondos que giran constantemente. —¡Qué bonito! —se oye desde atrás.
—Mira qué baile —dice uno de los combatientes.
—¡Medusas del Donbás! —se ríe otro.

24_Ratynskyi

Nada más subir la cuesta se ve un tanque destruido cubierto de nieve. Es la carretera a Dobropillia. La primavera pasada, al pasar por aquí, vi cisnes. Me pregunto dónde estarán ahora.

26_Ratynskyi

Junto a una de las tiendas pasa una vendedora disgustada.

—Los locales nos dicen: «Vinisteis aquí y nos están bombardeando», —cuenta Mykola, nombre de guerra Ajmet, de Kryvyi Rih—. Como si yo hubiera querido venir aquí y vivir en Druzhkivka. ¿O acaso no me gustaría estar en casa con mi esposa y mis hijos? Mi hijo menor tiene nueve años. Cuando me fui a la guerra tenía cinco. Ahora, cuando vuelvo a casa, ya me llega al hombro. Para mí sigue siendo un niño pequeño. Ahora me mira y me dice: «¿Por qué me tratas como a un bebé? Ya soy casi un hombre». O sea, ¿acaso no querría ver crecer a mi hijo? Una vez le dije a mi mujer: «Vendré de visita». Y ella me responde: «¿Te escuchas a ti mismo? ¿Quieres venir de visita a tu propia casa?».

27(small)_Ratynskyi

Tras el recorrido por la ciudad, nos dicen que hay que esperar otras cinco horas a la Roshel que nos sacará. Propongo que nos lleven hacia el centro: allí quizá podamos tomar un taxi y salir solos hacia Kramatorsk. Al principio, los combatientes son escépticos con la idea, pero luego aceptan. Caminamos rápidamente por una Druzhkivka cubierta de nieve, pasando junto a coches quemados, agachándonos bajo la fibra óptica.

Y allí, en un cruce, está un taxista. Por 400 grivnas nos saca de esta ciudad, a la que el enemigo presiona por tres lados.

28(small)_Ratynskyi

Cúpula

Unos días después de nuestra partida, bombardearon el mercado. Eran misiles del mismo tipo que los que recientemente cayeron cerca de la hamburguesería. Al menos siete muertos y quince heridos.

En diciembre, cerca de allí estaba Olga Serguiivna, esperando a su nieta, que estudiaba en la autoescuela.

—¿Cuántos años tiene la nieta?
—Pequeña. 24 años.
—¿Pequeña? —me río. —¿Y usted cuántos tiene?
—Muchos. Ando cerca de los 70. No diré cuántos.
—¿Ya tiene coche?
—Coche tengo, carnet no.
—¿Le regalaron el coche?
— Yo lo compré. Vendimos el piso y compramos un coche. ¿Y si hubiera que salir de repente? Nos subimos al coche y nos vamos.
Vendió el piso por cuatro mil dólares, y eso en 2022. Y unos conocidos suyos vendieron el suyo hace poco por dos. En la bolsa de Olga hay pan y un paquete: «La nieta pidió un libro».
—¿Qué le gusta leer?
—Ciencia ficción.

29_Ratynskyi

—¿Cree que habrá paz pronto?
—Creo que sí. Toda guerra termina en paz. Ojalá llegar a verla.

Cerca, un policía vigila el cielo:

—Le digo a la gente: «Váyanse, o acabarán como en Kostiantynivka; los tanques no los sacarán».

Nuestro detector de drones no detecta los que van por fibra óptica. Sin embargo, es fácil identificarlos por el sonido de las armas de fuego con las que disparan los combatientes cuando ven un dron cerca. Y entonces empezó el tiroteo. Corremos hacia algún refugio. El alero de una tienda parece poco fiable. El tiroteo continúa.

30_Ratynskyi

Vemos una iglesia. Entro corriendo al patio, subo numerosos escalones. Abro las pesadas puertas de madera. ¿Qué es ese canto? Un sonido profundo junto al iconostasio. El eco bajo la cúpula. Hay poca gente, se celebra el oficio.

El material ha sido preparado por

Autor:

Myroslav Laiuk

Editora,

Directora editorial:

Anna Yabluchna

Fotos,

Editor de fotos:

Viacheslav Ratynskyi

Editora de fotos:

Sofía Soliar

Administradora de contenido,

Coordinadora de content managers:

Kateryna Yuzéfyk

Responsable de proyectos,

Coordinadora del departamento de producción:

Maryna Mytsyuk

Fundador de Ukraїner:

Bogdán Logvynenko

Directora de la ONG Ukraїner:

Yulia Tymoshenko

Dirección ejecutiva:

Lyudmyla Kucher

Directora de operaciones:

Yulia Kozyriatska

Especialista financiera:

Svitlana Remenets

Contable:

Olena Mikhaliychuk

Abogada:

Ksenia Medrina

Archivista:

Daria Jolosko

Responsable de oficina:

Yuliana Ivanova

Traducción:

Yulia Cherniak

Jefe de redacción en español,

Edición de la traducción:

Juan Gonzalez

Directora de operaciones de Ukraïner International:

Iryna Stepaniak

Editor en jefe de Ukraïner International:

Christopher Atwood

Descubra Ucrania más allá de los titulares: historias que inspiran, enviadas a usted

Compartimos en qué estamos trabajando ahora mismo.