El secuestro del hijo de 19 años y, un año después, el de su padre podría parecer el argumento de una película de acción, pero, por desgracia, es la realidad de una familia tártara de Crimea. Ambos fueron secuestrados por las fuerzas de ocupación rusas en Novooleksiivka, en la región de Jersón, y fueron condenados a siete y ocho años de prisión respectivamente.
Escrito por
periodista y editora independiente de Ukraїner International, cofundadora de la ONG PR Army
Hablamos con Aishe Kurtamet, una mujer tártara de Crimea que lucha por la liberación de su hijo Appaz y de su exmarido, Jalil Kurtamet, del cautiverio ruso. Nos habla sobre la persecución continua de los tártaros de Crimea por parte de Rusia y las acusaciones infundadas contra su familia.
La persecución de los tártaros de Crimea por parte de Rusia se ha prolongado durante siglos. Las represiones durante el Imperio ruso y la URSS, incluido el genocidio de 1944, lamentablemente no han quedado en el pasado. Desde que Rusia ocupó Crimea y comenzó una nueva fase de la guerra, la persecución y el encarcelamiento de los tártaros de Crimea bajo acusaciones fabricadas se ha intensificado.
El secuestro de Appaz Kurtamet
Cuando comenzó la invasión a gran escala, Aishe y su hijo Appaz vivían en Kyiv, desde donde se trasladaron a Lviv. Allí, el joven trabajaba de forma remota en una empresa de informática y hacía trabajo voluntario.
La familia era originaria de Novooleksiivka, en la región de Jersón, uno de los pueblos con mayor población de tártaros de Crimea en la Ucrania continental. Appaz también pasó un tiempo estudiando en Turquía y, más tarde, vivió en Odesa, donde impartía clases de lengua tártara de Crimea.
Aishe recuerda que su hijo tenía una posición firme y no podía quedarse de brazos cruzados:
—Appaz siempre mostró interés por el activismo social. Incluso tenía un proyecto para limpiar la costa de la plaga de medusas, que en aquel entonces era un gran problema para nuestro balneario (en la costa del mar de Azov — ed.). Con este proyecto, se dirigió al alcalde del pueblo, quien apoyó su iniciativa.
Cuando Aishe se fue de Lviv a Estambul para ayudar a su hija a cuidar a sus recién nacidos gemelos, Appaz se quedó en Ucrania. Prometió ser cuidadoso, pero, sin decírselo a nadie, incluida su madre, se dirigió a su pueblo natal, Novooleksiivka. La mujer recuerda:
—Cuando mi hijo fue allí, ni siquiera me avisó. Siempre hacía lo mismo, incluso en tiempos de paz, para que mamá no se preocupara.
Foto del archivo de Aishe Kurtamet.
Aishe explica que su hijo no era del todo consciente de los riesgos. En aquel momento no había combates en la zona, y la gente todavía podía utilizar los corredores humanitarios a través de Zaporiyia. Appaz creía que podría proteger la casa familiar encontrando inquilinos para evitar que los invasores rusos se la quedaran.
Llegó a Novooleksiivka sin problemas a través del corredor humanitario, encontró inquilinos e intentó formalizar todo de manera oficial. La última vez que llamó a su madre fue desde una notaría: Appaz iba a confirmar todo legalmente. Aishe está convencida de que él creía que los documentos oficiales protegerían la casa de ser ocupada y garantizarían a la familia, al menos, unos ingresos mínimos, ya que no estaban pasando por una buena situación económica.
Appaz fue detenido en la calle el 23 de julio de 2022. Aishe se enteró de ello solo tres meses después, ya que tras la llamada desde la notaría perdió todo contacto con él.
—El secuestro, como él explicó, tenía como objetivo «reunir» a cierta cantidad de ucranianos, personas que, según ellos, podían tener alguna información: voluntarios, activistas. Y él era voluntario; evidentemente, se dieron cuenta de ello.
Más tarde, un hombre llamó a Aishe y le dijo: «Han detenido a su hijo. Las cosas no le van bien. No puedo decirle nada más. Su hijo me pidió que la llamara».
Durante meses, la familia Kurtamet fue recopilando información a cuentagotas: la llamada de un desconocido, conversaciones con voluntarios, consultas sin resultado en el puesto de control de Chongar y contactos con otras familias cuyos familiares habían desaparecido en los territorios ocupados de la costa del mar de Azov. Aishe recuerda cómo se enteró por primera vez de que su hijo estaba vivo:
—Liberaron a un ucraniano que había pasado por la «filtración» en un centro de detención de Crimea. Dijo que había estado en una celda con mi hijo. Había unas setenta personas allí, todas de la región de Jersón. A algunos los detuvieron en los controles, a otros los secuestraron.
Aishe contrató a un abogado de Crimea, que fue al puesto de control de Chongar. Al principio negaron por completo que Appaz hubiera estado allí. En la segunda visita respondieron de otra manera y dijeron que lo habían visto allí, pero «su paradero nos es desconocido. Quizás búsquenlo en las cunetas».
Aishe dice que, durante la búsqueda, le hablaron de los escenarios más aterradores: los rusos podían drogar a las personas, abandonarlas en las cunetas y luego «procesarlas» a través de un hospital psiquiátrico.
—Ellos usan distintas artimañas para ocultar sus crímenes. Hubo muchos casos en los que así «abandonaban» a las personas y luego las encontraban en hospitales psiquiátricos. Esas personas ya no podían contar lo que les habían hecho, cómo las habían quebrado y sometido. Yo también busqué a mi hijo en hospitales psiquiátricos. Por supuesto, me alegré de no encontrarlo allí, pero, al mismo tiempo, tenía miedo: ¿entonces, dónde está mi hijo?
Concentración de la comunidad tártara de Crimea en Turquía. Foto: appazkurtamet.com
Con el tiempo quedó claro que la llamada del hombre desconocido «de parte de su hijo» era falsa, y las respuestas oficiales en el puesto de control de Chongar se contradecían entre sí. Appaz fue secuestrado en el distrito de Henichesk en la región de Jersón el 23 de julio de 2022 y enviado a «filtración» a un centro de detención en la Crimea ocupada. En el momento de su detención, el joven tenía 19 años.
Juicio amañado, Prisión Central de Vladímir y colonia penitenciaria rusa
En abril de 2023, en la Crimea ocupada, se organizó un juicio amañado contra Appaz, acusándolo de financiación del terrorismo. Los ocupantes rusos utilizaron los mensajes recuperados del teléfono del joven como prueba para estas acusaciones. Los mensajes provenían de una conversación con otro tártaro de Crimea que se había unido al batallón de voluntarios «Crimea» y buscaba apoyo para adquirir equipo para él y sus compañeros. Appaz intentó ayudarlo, buscó fondos e incluso envió 500 hryvnias (N. del T.: en 2022, alrededor de 13 €). Para las autoridades ilegítimas rusas, esto fue prueba de su supuesta intención de «financiar el terrorismo», por lo que el joven fue condenado a siete años de prisión.
Al principio, lo intentaron reclutar, convencer de colaborar y llevar a cabo «trabajos especiales». Le prometieron liberar si aceptaba trabajar para ellos. Se negó. Luego le ofrecieron la ciudadanía rusa; también sin éxito. Aishe cuenta:
—Conocemos nuestra historia. Nuestra nación ha vivido muchas represiones; él lo sabía, lo entendía.
Primero, Appaz estuvo en un centro de detención de Crimea, donde, según su madre, las condiciones eran las peores. Actualmente se encuentra en una colonia penitenciaria de la región de Pskov, tras ser trasladado en noviembre de 2024 desde la prisión central de Vladímir.
—En la colonia de Pskov trabajan cinco días a la semana con un salario de 1500 rublos (N. del T.: alrededor de 15 €) al mes. Al terminar la jornada no se permite descansar, recostarse ni siquiera sentarse en la cama hasta la hora de apagar las luces. Las prisiones rusas son un infierno en la tierra.
En cartas a su madre, Appaz contó que la colonia de Pskov es un establecimiento más o menos «decente» según los estándares rusos. Sin embargo, allí conviven entre 50 y 60 personas, condenadas por distintos delitos, en una misma barraca; mientras que en la prisión central de Vladímir, eran tres o cuatro personas por celda. Allí, Appaz compartió celda con otros presos políticos, entre ellos el artista y activista Bohdan Ziza, condenado a 15 años de prisión por una protesta en Crimea contra los crímenes de guerra rusos en Bucha. Aishe cuenta que Bohdan se ha convertido en un hijo para ella. También se escriben y tienen mucho en común: ambos crecieron como huérfanos.
Foto del archivo de Aishe Kurtamet.
Aishe añade que Appaz intenta no desanimarse: lee y estudia inglés, aunque el trabajo en la colonia no le deja mucho tiempo para ello. Al joven le pesan mucho el ruido y el hacinamiento, allí cada uno intenta meterse en tu alma y espera a que digas algo sin pensar para delatarte.
—Siente que, en ese entorno, los deseos y los sueños se van apagando poco a poco. Dice: «No quiero que me pase eso. Pero en las colonias quiebran a las personas, las convierten en “medusas”: la persona deja de soñar con algo».
Según Aishe, Appaz echa mucho de menos Ucrania y lo que más desea es regresar allí. Su sueño es vivir en su tierra natal, en Crimea, contribuir a la reconstrucción de Ucrania y desarrollar la cultura tártara de Crimea.
El secuestro y encarcelamiento de Jalil Kurtamet
Casos de secuestro como el de Appaz no son aislados en la región de Jersón, especialmente en el distrito de Henichesk, una zona de la Ucrania continental donde se concentra la comunidad tártara de Crimea. La mayoría de sus miembros vive precisamente en Novooleksiivka. Muchos residentes del distrito, incluidos tártaros de Crimea, han sido secuestrados por ocupantes rusos y están encerrados en prisiones y colonias. Entre muchos, cabe destacar los casos de Mamed Dolhopolov, Dzhafer Abliamitov y Rinat Abliakimov.
El padre de Appaz, Jalil Kurtamet, exmarido de Aishe, es otro de los secuestrados. Era empresario y propietario de un hotel en la punta de tierra de Arabat (N. del T.: estrecho istmo entre el mar de Azov y el mar de Syvash), del que los ocupantes se apropiaron al inicio de la invasión a gran escala. Según Aishe, Jalil fue secuestrado un año después que su hijo, fue sometido a torturas y presionado para que colaborara. Al igual que Appaz, fue acusado de supuestos vínculos con militares tártaros de Crimea; solo que esta vez no se trataba del batallón «Crimea», sino del batallón Noman Chelebidzhijan.
Jalil Kurtamet. Foto: Centro de Recursos Tártaro de Crimea.
El Grupo de Derechos Humanos de Crimea informó que Jalil fue secuestrado en noviembre de 2023. Citan las acusaciones del FSB (Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa), según las cuales el detenido estuvo involucrado activamente en el batallón Noman Chelebidzhijan desde 2015 y también transfirió dinero para equipar la base del batallón en el pueblo de Chongar, región de Jersón.
En octubre de 2024, el «Tribunal del Distrito de Henichesk», creado ilegalmente por Rusia, condenó a Jalil a ocho años de prisión. Según Aishe, actualmente el hombre está en tránsito entre distintos centros penitenciarios: lo llevan por distintas ciudades rusas y lo recluyen en diferentes colonias y prisiones.
Aishe, a pesar de sus problemas de salud, dedica todo su tiempo a luchar por sus seres queridos: su hijo Appaz y el padre de este, Jalil. En busca de ayuda ya acudió al presidente de Turquía Recep Tayyip Erdoğan y a la ONU; organizó manifestaciones en Turquía, en Bruselas — frente al Parlamento Europeo — y en la ciudad de Athlone en Irlanda. Espera que la comunidad internacional y la atención pública ayuden a liberar a su hijo y a su exmarido del cautiverio ruso mediante intercambios de prisioneros.